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Humanidad en extinción.


A veces Dios tiene terribles pesadillas.

Pero no sólo Dios sabe sus malos sueños.

Nosotros, los mortales, permanecemos al margen

de la devastación, la barbarie, la injusticia.

Miramos insensibles el conflicto de Bosnia

Como si la discriminación, la discordia, la infamia

Fueran solamente una pesadilla divina.

 

Me llegan los gritos de la guerra,

los gemidos de dolor, los aullidos,

llantos de pérdida, alaridos,

espasmos de terror, mirados de miedo,

imágenes desgarradoras de la locura y el odio,

desenfreno, abuso, intolerancia, exterminio,

los quejidos de las víctimas, su martirio,

los feroces sonidos de la muerte y la furia.

Y en medio de la demencia y el desaliento,

Callan los gritos de la guerra.

Como en Hongo nuclear crece en silencio sordo,

Se expande en ondas, cubriéndolo todo.

Exactamente en el centro emerge

El llanto inocente de un bebé,

Su hiriente gemido sin esperanza.

 

La muerte está a la vuelta de la esquina.

Salgo a buscar pan y un bomba enemiga

Me destroza, me hiere, me mutila.

Salen los chicos a la calle cotidiana

Y anónimas manos les quitan la vida.

Sale una madre con su pequeña hija

Y el sol de mediodía se vuelve pesadilla.

Sale una adolescente repleta de vida

Y la aniquila una bala perdida.

Sale un cortejo hacia el cementerio

Y el llanto se multiplica en serie.

 

La muerte está a la vuelta de la esquina.

Y a la orden del día.

 

La paz existía antes, Señor,

Antes de la bomba atómica,

De esta locura bélica,

De las diferencias étnicas.

La paz reinaba antes, señor,

Pero nos rebelamos a tu tutela.

Desde entonces quedamos al mando nosotros,

Convertimos el mundo en el infierno tan temido.

Nos levantamos hermano contra hermano,

Aumentamos, masacramos, exterminamos

En nombre de los hombres,

Pero vos existías antes, Señor,

Y al perderte entre tanta injusticia

Perdimos toda nuestra valiosa humanidad,

Nuestro destino de estrellas, nuestros sueños.

 

Que la paz sea un trofeo de guerra.

El único reclamo. El logro más preciado.